
Hoy he visto a Pedro. Iba de camino al trabajo, haciéndome a la idea de que últimamente mis días son todos iguales y aquellos que caen en fin de semana son iguales también. Y que todo tan homogéneo, sin nada llamativo que llame la atención al final me hace pensar que si mi vida fuera una novela ahora mismo estarías leyendo ese capítulo en el que no ocurre nada y la narración se hace pesada y densa y aburrida e insoportable, justo ese momento en que eres consciente de que casi estás a punto de dormirte o de abandonar la lectura pero, por lo que sea, llámalo x, decides darle a la historia otra oportunidad, sólo que definitivamente lo suyo es pasar este capítulo de largo porque, de todas formas, sabes que no vas a perderte nada. Estás en tu derecho. Yo lo haría. Así que iba de camino al trabajo pensando en todo eso cuando he visto a Pedro. Se ha cruzado delante de mí, ha salido de una calle perpendicular, ajustándose el cuello del abrigo, me ha mirado como se mira a una desconocida rara, de esas que van ocultas debajo de una gabardina inspector Clouseau, dos vueltas de bufanda y gafas de sol pese a la tarde bien nublada. Ha seguido caminando y yo he seguido dirección al parque, luego me he girado y lo he visto abrir la puerta de un coche y subirse a él, supongo, camino de su trabajo.
Siempre he interpretado la manera en que una persona se cruza en tu camino, en tu vida, las relaciones a lo largo del tiempo, igual que los cables de conexión de un teléfono. No creo que todos los caminos conduzcan expresamente a Roma, creo que todos los caminos conducen a todos los caminos. Sólo hay que interpretar el mapa, las señales, tener un buen sentido de la orientación. Todo eso se me da mal, no es nada nuevo. Hace diez años no iba a ser menos. De Pedro sólo recuerdo, además del nombre, que una noche me dijo: voy a por otra copa o no soy capaz de hablarte.
Siempre he pensado que en caso de que cada uno de nosotros tuviera asignada una operadora para llevar a cabo esta función, la mía es la más ineficiente de la historia: tiene marcada inexcusablemente en su hoja de ruta el fastidiarme todas mis conexiones. Y estoy segura que ahora mismo que sé que sabe que sé de su existencia y de su forma de actuar, disfruta aún más con ello.
Siempre he interpretado la manera en que una persona se cruza en tu camino, en tu vida, las relaciones a lo largo del tiempo, igual que los cables de conexión de un teléfono. No creo que todos los caminos conduzcan expresamente a Roma, creo que todos los caminos conducen a todos los caminos. Sólo hay que interpretar el mapa, las señales, tener un buen sentido de la orientación. Todo eso se me da mal, no es nada nuevo. Hace diez años no iba a ser menos. De Pedro sólo recuerdo, además del nombre, que una noche me dijo: voy a por otra copa o no soy capaz de hablarte.
Siempre he pensado que en caso de que cada uno de nosotros tuviera asignada una operadora para llevar a cabo esta función, la mía es la más ineficiente de la historia: tiene marcada inexcusablemente en su hoja de ruta el fastidiarme todas mis conexiones. Y estoy segura que ahora mismo que sé que sabe que sé de su existencia y de su forma de actuar, disfruta aún más con ello.
* foto de dboo.














