mercredi, janvier 28, 2009

Dime, ¿para quién trabajas?


Hoy he visto a Pedro. Iba de camino al trabajo, haciéndome a la idea de que últimamente mis días son todos iguales y aquellos que caen en fin de semana son iguales también. Y que todo tan homogéneo, sin nada llamativo que llame la atención al final me hace pensar que si mi vida fuera una novela ahora mismo estarías leyendo ese capítulo en el que no ocurre nada y la narración se hace pesada y densa y aburrida e insoportable, justo ese momento en que eres consciente de que casi estás a punto de dormirte o de abandonar la lectura pero, por lo que sea, llámalo x, decides darle a la historia otra oportunidad, sólo que definitivamente lo suyo es pasar este capítulo de largo porque, de todas formas, sabes que no vas a perderte nada. Estás en tu derecho. Yo lo haría. Así que iba de camino al trabajo pensando en todo eso cuando he visto a Pedro. Se ha cruzado delante de mí, ha salido de una calle perpendicular, ajustándose el cuello del abrigo, me ha mirado como se mira a una desconocida rara, de esas que van ocultas debajo de una gabardina inspector Clouseau, dos vueltas de bufanda y gafas de sol pese a la tarde bien nublada. Ha seguido caminando y yo he seguido dirección al parque, luego me he girado y lo he visto abrir la puerta de un coche y subirse a él, supongo, camino de su trabajo.
Siempre he interpretado la manera en que una persona se cruza en tu camino, en tu vida, las relaciones a lo largo del tiempo, igual que los cables de conexión de un teléfono. No creo que todos los caminos conduzcan expresamente a Roma, creo que todos los caminos conducen a todos los caminos. Sólo hay que interpretar el mapa, las señales, tener un buen sentido de la orientación. Todo eso se me da mal, no es nada nuevo. Hace diez años no iba a ser menos. De Pedro sólo recuerdo, además del nombre, que una noche me dijo: voy a por otra copa o no soy capaz de hablarte.

Siempre he pensado que en caso de que cada uno de nosotros tuviera asignada una operadora para llevar a cabo esta función, la mía es la más ineficiente de la historia: tiene marcada inexcusablemente en su hoja de ruta el fastidiarme todas mis conexiones. Y estoy segura que ahora mismo que sé que sabe que sé de su existencia y de su forma de actuar, disfruta aún más con ello.

* foto de dboo.

mardi, janvier 20, 2009

más



No digo nada nuevo si digo que la realidad siempre supera a la ficción. Demasiadas emociones, demasiadas esperanzas, y me pregunto cómo se sentirá uno notando todo ese peso, todo el peso de todos los actores no sé si del todo pasivos, no sé si del todo pacientes, sobre los hombros. Eso pensaba mientras lo veía hace un momento bajar esos escalones, ¿cómo se siente uno notando el peso del mundo sobre sí mismo?.

"Estoy recibiendo llamadas de amigos que esperan en distintas partes de la avenida de Pensilvania el comienzo del desfile y se declaran sorprendidos de la facilidad con la que todos hablan con todos, muchas personas mayores —sobre todo afroamericanas— se mezclan con jóvenes y, sobre todo, las historias de segregación y penurias que algunos de ellos, casi sin preguntar, recuerdan a perfectos desconocidos. Es una especie, me dice uno, de desahogo psicológico colectivo, producto, tal vez, de la alegría que sienten de tener por fin a uno de los suyos en la Casa Blanca."
Felipe Sahagún, ahora, aquí, allí,
mostrando lo que no se ve en las películas.

dimanche, janvier 18, 2009

actualización

"... las brujas de Beedle son mucho más diligentes que las heroínas de nuestros cuentos de hadas. Asha, Altheda, Amata y Babbitty Rabbitty son brujas que se encargan personalmente de perseguir su destino, en lugar de echarse una larga siesta o esperar a que alguien les devuelva el zapato que han perdido."
Los cuentos de Beedle el Bardo, J.K. Rowling

jeudi, janvier 15, 2009

no quiero que te conviertas en artículo de lujo

Ayer fue un día indigesto. El año ha empezado fiero, no sólo por el azote del frío. Ayer las novedades se agolpaban una tras otra sin tiempo casi a digerirlas. Indigesto, ya digo, aunque la naturaleza de las noticias, algunas mejores otras no tanto, dejaron un regusto agridulce. Hubo de todo.
Ahora trabajo con un texto que hay que rehacer y tener dispuesto antes del próximo viernes. Ahora entiendo lo de
en casa del herrero… porque llego a casa con fuerzas mermadas. Los libros siguen sin leer, aunque eso no es lo más significativo, claro. La casa también. Y la mayor parte de las veces yo también sigo sin hacer. Y el tiempo, que va subido en alta velocidad y yo me muevo en diligencia y ralentizada, con sombrilla y toda cubierta de faldas y sobrefaldas.
En estos días veloces y vacíos a conciencia no encuentro nada a lo que agarrarme. Soy de las que en un naufragio, se ahogaría la primera y esa sensación de remolino raudo, con las fauces abiertas y con la remarcada sonrisa del zorro que se sabe vencedor, habiendo conquistado a su presa, me da frío.
En estos días veloces y vacíos a conciencia sabes qué es lo que echo de menos, por encima de cualquier otra cosa. A diario cuando vuelvo a casa, sobreviviendo al tráfico, pienso que si estás ahí, al menos, no deberías seguir tapándote los oídos.

vendredi, janvier 09, 2009

de silencios y otras palabras

La absolutamente hermosa canción de Tontxu para Eurovisión, o para estos días en los que sé con cuánta frecuencia callar es gritar intensamente*.

El video aquí.
No dejes de escucharla.

*Antonio Gala.

dimanche, janvier 04, 2009

a year in review

Una imagen por cada mes de 2008, aunque es difícil elegir. Todas simbolizan alguno de esos momentos que no quiero olvidar -esa es la función de las fotos-: días sencillos, momentos divertidos, esfuerzo constante, viajes, encuentros, cambios, risas, pánico escénico, sorpresas y paz. Los comparto con vosotros.
Gracias por estar ahí, gracias por leer.
Feliz año.

Iglesia de Santa Victoria

Martes, 26 febrero



1, 2, 3



going home II

summer light







niebla

Medina Azahara